lunes, 27 de febrero de 2017

Cuentos pequeños



¿Estás ahí? ¿Por qué no dices nada? 

Te crees que estás lejos de mí, pero vuelves a estar aquí, leyéndome. De nuevo has estado buscándome creyendo que nadie mira. Y aunque yo no pueda verlo, solo lo intuyo. 

En la vida hay cosas que nos provocan temor, tanto es así que a veces nos producen una parálisis, de forma que pienso en lo que quiero y a la vez me paraliza. Y me quedo enganchado en ese quiero y no puedo, que a la vez me resulta cómodo porque es una nueva posición en la que volver a quejarse. Pienso en lo que voy a hacer pero siempre hay alguna excusa, algún dolor, que me hace quedarme en el sitio. 




¿Sigues ahí? Todo lo que escribo es para ti, no te vayas. 

Una cosa es creer que lo has hecho bien y otra distinta es autoconvencerse de que las cosas están bien así. Una cosa es que la realidad te diga que has hecho lo correcto, y otra muy distinta es meterse en los sesos, con calzador, que todo está fenomenal. 

Los hechos delatan lo que se hizo bien y lo que no. A veces dejas a alguien herido, poniendo mil excusas, escudos, diciendo "me hizo daño primero", pensando que con eso está todo hecho, todo correcto. Pero no. 

Uno sabe cuándo algo no cuadra. Uno sabe que, aunque se haya intentado distraer con otras cosas, personas, entretenimientos, el corazón va a donde va. Siempre hay detallitos en el día a día que delatan al corazón. 




La razón, o más bien el orgullo de bestias que tenemos, siempre nos echarán un cable para darnos mil motivos para no volver a lo que el corazón quiere. ¿Pero nos están echando un cable, o un cable roto? Electrocutarse con el orgullo, deberían llamarlo así. 

¿No será mejor apartarlo y empezar a perdonar? Pero perdonar así, como si fuéramos tontos. Como los idiotas perdonan es como se perdona. Sabiendo que volverán a hacerle daño, pero no importa, podrá con ello. Todos sabemos que los idiotas pueden con todo. 

Montarse un cuento, un escaparate mental, para evadirse de la realidad, buscando en el otro las peores cosas para ahuyentar el deseo de buscarle, no es un buen plan, sería parecido a electrocutarse. No lo digo por mí, lo digo por ti. 




La valentía es grandiosa, tan grandiosa que es capaz de hacer que te levantes del sofá y vayas a buscar lo que pide tu corazón. Tu razón se pondrá un poco pesada, y estirará del hilo de nuevo, pero las cosas que quiere el corazón, cuando se recuperan, son tan hermosas... mucho más hermosas que las razones de la razón. Mucho más hermosas que electrocutarse con nuestro orgullo.



 Que vivan los valientes que se levantaron del sofá por el alocado deseo de su corazón. Los valientes, los que lo perdonaron todo y empezaron de cero otra vez. 

No te has ido, ¿verdad? Sabía que te quedarías hasta el final, porque desde la primera frase estabas queriendo que te dijera esto. 


Irene Vila




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