sábado, 12 de agosto de 2017

Abraza tu soledad



Todos tenemos una soledad.

A todos nos da respeto esa palabra: Soledad.

Dejadme decir que todos tenemos una soledad.

Todos, a lo largo de nuestra vida, o me atrevo a decir que a lo largo de la semana, podemos experimentar una soledad, la cual podemos acoger a gusto o bien rechazar.

Esta soledad nos obliga a hablar directamente con nosotros mismos, a veces nos aburre y a veces nos inspira.

A veces nos hace descansar del ruido y a veces nos pone tristes.

A veces la necesitamos y echamos de menos, otras veces la rechazamos y queremos otra cosa.

¡Pero está ahí! Y de vez en cuando, aparece.

Esta mañana he visto los Instagram stories de Paula Gonu, en los que ella aparece llorando y diciendo que solo tiene unos pocos amigos, poca vida social, y que se siente sola. Me ha sorprendido ver que ella se avergonzaba de sentir esto y se llamaba a sí misma "loca". Escucharla a ella, y tener el día de M que he tenido, me ha impulsado a escribir esta entrada.

Da vergüenza hablar de la soledad porque a veces no sabemos llevarla. Pensamos que hablar de soledad va a causar en los demás rechazo, y no es así.

Hablar de soledad no puede más que crear un lazo más entre nosotros, porque es algo que todos, absolutamente todos, tenemos en común.

Nadie se libra de sentir soledad, con o sin acompañamiento de personas.

Tenemos unos compañeros de vida que se nos han regalado: amigos, hermanos...

Y ellos nos van a acompañar en algunos momentos de la vida, pero bien es cierto que al final tú eres quien toma las decisiones, tú eres quien está solo, tú y el mundo entero vivís esta soledad en algún momento.

La soledad puede convertirse en un desierto que nos purifica, que nos prepara para algo, que nos da una lección y nos enseña que todo lo de alrededor es efímero: desde las personas hasta las cosas.

En esta soledad que a veces se torna dolorosa, como la de Paula Gonu, uno se encuentra con su yo más íntimo, con sus miserias. Y muchas veces sentimos vergüenza y la ocultamos. Pero ahí está la clave: Dios nos enseña que somos frágiles, vulnerables, idénticos a los demás. Que nos equivocamos, que todos estamos solos, que todos tenemos heridas y buscamos el afecto de los demás. Que no somos nadie para juzgar a los otros porque nosotros también somos iguales. Nos equivocamos, somos imperfectos. Todos.

Abraza esta soledad que se te ha regalado, porque en este desierto se te van a enseñar muchas cosas. Cuando la soledad pase y llegue otro momento de dejar de mirarse a uno mismo, esta soledad nos habrá marcado con una pequeña huella de humildad y de formar parte de una misma cosa que somos todos.

 Esta soledad nos une a cada uno al resto de personas. 
 Abraza tu soledad y acéptala!





Irene Vila




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2 comentarios:

  1. Hola; vaya entrada! Es un buen tema de discursón.

    En mi opinión la soledad es buena (y necesaria) a pequeñas dosis y condiciona a cada persona de forma diferente; el pianista Glenn Gould necesitaba para un período por el cual se relacionaba con personas por su trabajo otro tanto de igual duración en total soledad para "desintoxicarse" de la influencia de estos sobre él y sobre su obra.

    Pero el ser humano es un animal social y necesita relacionarse (se nutre de estas relaciones), no importa la cantidad de personas con quien te relacionas sólo la calidad de tu círculo (amistades y familiares).

    Saludos desde Torrent (Valencia) disfrutad del verano que ya queda poco!!!

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    Respuestas
    1. Gracias por dar tu opinión y contar la anécdota del pianista, muy interesante, Saludos!

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